Carteras

Hoy estuve pensando en carteras. No, no en billeteras que se las conocen como carteras en algunos lados. Tampoco estuve pensando en mochilas o esos bolsos tipo bandoleras para llevar la laptop.

No, estaba pensando en carteras femeninas. Si, las carteras por las que las mujeres se vuelven locas sin importar el material del que estén hechas, el color que sean ni su precio (de hecho, el precio es lo que menos les importa). Bueno, en eso estaba pensando, carteras de mujer.

Pensaba que esas carteras deberían verse bien tambien cuando las llevamos los hombres. Y pensándolo bien, lograr esto no es fácil. Es un trabajo en equipo que involucra un largo proceso y a muchas personas. Es una cadena que empieza desde el origen mismo de la cartera.

Es decir, los diseñadores al momento de pensarlas, de diseñarlas, deberían preguntarse: “¿se vera bien un hombre sosteniendo esta cartera?”. Es importante, creo yo, que ellos piensen en eso y lo vuelquen en el diseño. Que desde su concepción, nos tengan en cuenta.

Y tu pareja debería pensar en lo mismo: “¿se va a ver bien el gordo con esta cartera o elijo una que le combine con lo que se puso?”. Es importante, de verdad, y también es factible que ellas piensen en eso, pues uno se cambia en una cuarta parte del tiempo que ellas, por lo que pueden ver como nos vestimos con tiempo y hacer una eleccion de cartera acorde. Si, es importante que cada eslabón de la cadena haga su parte para que esto sea posible.

Se preguntaran: ¿Y porque es esto importante? Sinceramente, no planteo esto porque mei nterese en lo más mínimo usar ropa de mujer ni usar carteras de mujer, pero eventualmente tengo que usar una cartera de mujer o al menos sostenerla un tiempo considerable.

Para ser mas claro, dejenme contarles lo que me paso hoy: uno va a comprar con ella, y cuando ella se va a probar una ropa, queda el gil (osea yo) con la cartera en la mano. Y no me combina con los zapatos. Ni con la remera. Y el hecho que sea fuchsia y que además tenga el caniche a upa, no ayuda.

La gente te mira, te entiende, te tiene lastima. Mucha lastima. Das mucha lastima. Pena. Pero nadie te puede ayudar. Uno quisiera pasar desapercibido, pero esa cartera tan llamativa y el perro que no deja de ladrar lo convierten en una misión imposible.

En fin, mientras ella se prueba la ropa, me puse a escribir esto, aunque es incómodo con la cartera en el hombro.

Y saben que, me decidí. La próxima vez le hago una extensión de la tarjeta y que vaya sola. Prefiero comer arroz el resto del mes (o el año) pero con dignidad.

Jonatan Moleiro Sobre el autor Jonatan Moleiro

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